Será que mi bisabuela era originaria de la profunda Aragón, esa parte de España donde el lenguaje es más cercano al catalán que al propio español. Y así, desde que tengo uso de razón, soy culé declarado. Ya con el paso del tiempo, me he hecho aún más apasionado de todo lo que tenga que ver con el club catalán. Y razones me sobran, pero creo, o más bien supongo que cuando uno elige a un equipo, se elige a sí mismo representado en un colectivo. Y así, el Fútbol Club Barcelona representa mucho de mi persona.
Y es que el FCB, el autodenominado Més que un Club, es en realidad eso: Más que un club. Su impacto abarca mucho, pero mucho más que lo meramente deportivo. En sus espaldas carga una de las luchas de identidad más tensas del planeta, y en palabras del gentleman Sir Bobby Robson, quien alguna vez dirigiera al equipo, el FCB es el verdadero ejército de Catalunya. Y no es que me guste mezclar política con fútbol, pero en este caso es una cuestión inherente y decisiva. Y es parte de la historia del club.
La venida del Mesías
El Club catalán tiene un antes y un después de la llegada del holandés Johan Cruijff. Llegó como jugador en la década de los 70's, donde consiguió una Liga. Pero su gran aporte fue como Director Técnico. Juntó a uno de los equipos más grandes que se ha visto, el llamdo Dream Team, un equipo ofensivo que avasallaba a sus rivales con un fútbol de posesión ad aeternum, y que era un gozo para todos los que se preciaban de ser seguidores del fútbol. Pero eso no fue todo, el cambio más significativo se dió en la afición culé. Llorones y segundones por antonomasia, viviendo y quejándose del régimen franquista que les robaba las copas, o culpando a la Diosa suerte.Pero el equipo de Cruijff cambió la historia y los acostumbró a ganar.
Hoy en día, decir Barcelona es decir fútbol, porque en 20 años han tenido tres equipos históricos: El ya mencionado Dream Team de Cruijff, el mágico equipo de Ronaldinho y compañia y el actual, el equipo dirigido por Josep Guardiola.
Tres equipos que harán historias, tres épocas distintas, pero una sola idea: premiar la estética sobre lo burdo, demostrarle al mundo que se puede ganar siendo los mejores, quitarle la benda de los ojos a la justicia y hacer que ella participe en el premio al mejor. Esa es la misión de este club, único en el mundo del balón. Con un modelo ya definido y que es el respeto, la caballerosidad y sobre todo el querer ser los mejores a base de poesía, de ilusiones y realidades que se mezclan en un campo de 100 metros de largo a través de 90 minutos que desearían no terminar. Y puede que no siempre les salga, pero este equipo ya ha dignificado un deporte que abusaba de la racanería y de la manida excusa del resultadismo.
Estamos en un mes que será histórico, tenemos ante nuestros ojos a un equipo que aún sin ganar un título es ya considerado-por juego al menos- el mejor de la historia. Y esto sólo es posible gracias a una entidad consciente de sí y que prima la estética sobre la ética postmoderna.
jueves, 7 de mayo de 2009
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